La historia de Alexis Iturriaga es probablemente un reflejo de cientos de experiencias de pacientes Covid-19 que han estado al borde de la muerte.

A inicios de diciembre de 2020, comenzaron sus malestares que lo dejaron intubado por 11 días. Pensó que moriría, pero los esfuerzos médicos, sumado – probablemente – a las cadenas de oración y buenas vibras, le permitieron no ser parte de los 23.734 contagiados que han perdido la vida en Chile.

El enfermero supervisor de Emergencias del Hospital Víctor Ríos Ruiz, relató que pese a los cuidados que tuvo se vio expuesto al contagio. Comenzó a sentirse mal y tras el PCR, su vida cambió.

Relató que lo enviaron a su casa con diversos medicamentos. «Pensé que no era nada, pero era todo. A las 6 de la tarde me comunicaron que era positivo para SARS-CoV-2″, contó.

Días más tarde la situación se complicó. La fiebre y la dificultad para respirar lo llevaron a una «obnubilación de conciencia». Esto se refiere a la incapacidad para darse cuenta de las cosas que ocurren a su alrededor. Sin embargo, su esposa Consuelo Valencia, quien también es enfermera detectó lo que se venía y lo llevó a Urgencias.

Según Alexis, ese fue el momento más duro que le ha tocado vivir. “Nos despedimos en el ingreso a Urgencias, porque sabíamos cuál era el destino. Nos despedimos y fue la despedida más terrible que he tenido en mi vida. Yo ya venía con los síntomas más graves. Fui evaluado y decidieron hospitalizarme”, expresó.

Los recuerdos de lo que ocurrió después, se han borrado. Sin previa consulta porque el tiempo era clave, fue intubado. Su estado era crítico y prácticamente sin esperanzas de sobrevivir.

En total fueron 11 días, donde familiares y amigos hacían cadenas de oración, pedían y oraban por él, hasta que el 23 de diciembre ocurrió lo que muchos llaman un milagro.

Alexis contó que abrió sus ojos y “la primera persona a la que veo es Mónica Silva, la médico a cargo del equipo, y fue no tranquilizador, pero si acogedor volver a la realidad con una persona que conozco. Le dije a Mónica que me de el alta, porque están buscando para matarme, yo estaba en un estado alucinatorio probablemente mediado por las drogas ocupadas para mantenerme ventilado o por la hipoxia. Pasé de la vivencia de estar intubado al plano de realidad que estamos viviendo ahora”.

“Sacando cuentas, en solo dos momentos me sentí tranquilo, y fue cuando estuve más grave. Cuando tu estás tranquilo es porque vas a morir, en cambio mantenerte activo, atento, para poder arrancar es lo más importante”, indicó.

RETOMAR LA VIDA: UN CAMINO DIFÍCIL

Luego de «regresar a la realidad», como él lo llama, tuvo que enfrentarse a la dificultad para caminar. Sus músculos no eran capaces de sostener su cuerpo. En sólo 11 días perdió 11 kilos y mucha masa muscular.

“No era capaz de sostener una cuchara cuando llegué a casa, me tenían que dar la comida en la boca», dijo angustiado.

Agregó que «lo físico trae el efecto mental de la perdida de autonomía, te daña enormemente el ego, y eso hace más difícil la recuperación. No podía subir al segundo piso, me demoraba cerca de un minuto por escalón. La primera vez que subí por mi cuenta tardé como una hora en recuperarme. Bañarme era muy difícil, tenía trastornos del sueño, me costaba quedarme dormido”.

Uno de los aspectos más desconocidos del proceso para la gente y que le tocó vivir era el que involucraría su vida sexual. «Resulta que uno queda con lesiones por la sonda Foley (catéter que pasa a través de la uretra, hacia adentro de la vejiga, para drenar la orina), y esas lesiones son dolorosas y tienen aspectos raros. Las personas que no están cercanos al quehacer de salud les puede generar algún tipo de dudas que afecten profundamente su vida sexual, y por ende la vida en pareja, y que pueden incluso desestabilizar un matrimonio”.

REGRESO AL TRABAJO

Casi tres meses después de despertar, Edmundo Iturriaga – Alexis para los amigos – regresó agradecido de todo lo que pasó tras quedar intubado.

“Yo sé que mucha gente oró, rezó, y pensó en mí, y he tenido palabras de agradecimiento para todos ellos. En rigor, pusieron sus energías en mí durante un momento del día. El que me hayan deseado el bien, yo creo que cooperó en mantenerme acá”, aseguró.

Sobre su vuelta presencial al recinto el pasado lunes 15 de marzo, dijo que “estaba con una ansiedad tremenda de volver, yo lo considero parte de la terapía. Ha sido grato volver, ver gente conocida, que las personas muestren un sincero aprecio porque volviste y eso es rico. Es parte también de la medicina, el amor”.

Finalmente, tras vivir esta experiencias llamó a la comunidad a cuidarse. «Las decisiones que toman afectan a otros y esto puede ser tan grave como lo que me pasó a mí», expresó.

«Ver a alguien grave es devastador para una familia, ver morir a alguien es tremendo”, cerró.