La primera carta que envía OHiggins a lo que parecía ser la “naciente república de Chile”, fue comunicar que, “entre los agricultores formamos la primera unidad militar criolla que la hemos denominado, ‘Lanceros de la Frontera’”. Eso le valió a OHiggins que le dieran jinetas de oficial.

Lo anterior, podría haber marcado una impronta “genética” en el agricultor chileno en torno al ejercicio militar, pero no ha sido así. No es usual que los agricultores tengan hijos militares, los hay pero no tantos. Mas bien los caminos laborales y profesionales, son mas bien agrícolas u otras del mundo de la economía y de técnicas manuales avanzadas.

Sin embargo, en su genética profunda, está el respeto, como norma de vida y amor a Chile, conforma a una obligación natural. Y ahí se fundamenta su arrojo y disposición espontánea a la defensa de valores, los cuales, tienen que ver con la naturaleza de las cosas. Y una de tales naturalezas, es el orden.

En lo más íntimo, el hombre y la mujer de la tierra, no aceptan el desorden, tampoco que se mancille el símbolo patrio, la bandera, su escudo, la historia. Menos que desde fuera de sus fronteras “se nos vengan decir lo que tenemos que hacer”. Por ello, la enorme fortaleza que tienen cuando deciden actuar.

Y están a punto de actuar.

Ya lo hicieron en Curacautín, región fronteriza de Pewuenches y Mapuches. Retomaron el edificio municipal de su comuna Y no lo hicieron solo winkas, también Peñis Pewuenches. ¿Qué ocurrió? El alma agraria despertó. Eso es todo. Y como las cosas son espontáneas, no calcularon que tal acción, quemaría otro municipio, el de Victoria y también el de Ercilla. Lo lamentaron, pero despertaron.

Se enojaron con el alcalde y concejo respectivo que no tuvo “pantalones” para ordenar el desalojo. El miedo, arma mortal para quienes no tienen valores que defender, no les permitió defender el edifico del gobierno comunal.

Los mapuches radicalizados del interior, sintieron que al día siguiente los agricultores de Victoria y Ercilla, harían lo mismo que lo hecho en Caracautín. Y no permitieron que “despertara” el alma agraria. Mas bien había que culpar la falta de valor de los alcaldes y eso hicieron. Quemaron todo. Pero los usurpadores, no lograron que amaneciera un afán de justicia, seriedad y orden que ha comenzado a gestarse entre agricultores. Hicieron que despertara el alma nacional, cuya encarnación masprofunda, está en el agricultor de Chile. 

Nunca sabemos, “por donde salta la liebre”, hasta que aparece en cualquier lugar. Un par de días atrás, se asomó en Curacautín.

Mario Ríos Santander