La pandemia mundial camina por diversos lugares del mundo buscando quién o quiénes, entregan la mejor fórmula para enfrentar y derrotar el virus maldito.

A nuestros teléfonos arriban centenares de fórmulas. Al principio también llegaban discursos, en general bastante inútiles para luego, comprobar que los alcaldes quieren seguir luciéndose a costa de nada. En la misma forma que,  en una actitud de máxima irresponsabilidad, salieron alentar la quemazón de todo y el saqueo de tiendas, supermercados, universidades, todo, desfilando en las calles, saludando hasta que comenzó la pifia también hacia ellos.  Pero, ya lo dijimos, buscando los méritos de un trabajo ordenado, con planificación adecuada, Chile comenzó a ser examinado con detención.

Primero, se admiraron que no aplicarán cuarentena nacional, luego, ante la figura elevada de Mañalich, comenzó un despiadado ataque a su persona, lo trataron incluso de asesino. Los alcaldes al menos guardaron silencio, y el Colegio Médico cayó en cuenta de que estaba equivocado en todo.

El mundo descubrió que Chile era la Nación de más baja incidencia de mortalidad de todo el orbe. De pronto, una voz advierte que las calles volverán a llenarse de saqueadores. El desprestigio político llega a los más altos niveles de la historia de Chile.

Piñera, sigue haciendo tonteras. En realidad, ocurre todo. La excelencia corre por cuenta de Mañalich y todo el área de salud del país,  la mediocridad por cuenta del congreso y la odiosidad, por los que quieren volver a las calles. Piñera colabora con estos últimos. 

Pero surge una duda que se agranda a niveles insospechados. ¿Es acaso todo esto, una pandemia espontánea o fue una creación dirigida a un objetivo político superior?. 

Los ojos del mundo comienzan a mirar a china. Cientos de interrogantes se expresan y no hay respuesta. En un mes EEUU pierde mas vidas que todas las que murieron en la segunda guerra mundial. Europa de tradición democrática, igual. ¿Qué ocurre? Algo viene, esto no será un simple “murmullo” expandido a los continentes. Pero Chile está bien para lo que viene.

Mario Ríos Santander