La provincia de Biobío, lamentablemente, parece ser un patio trasero. Quizás como forma semántica, le pesa tener el mismo nombre de la región. No es lo mismo entregar recursos a la provincia de Concepción o a la de Arauco que a Biobío, porque suena igual que el macroterritorio. Pero más allá de meras simplezas, es evidente la postergación y la burocracia que se aplica a los requerimientos de estas 14 comunas, por sobre la zona «metropolitana» es abismante.

A modo de ejemplo, se lleva pidiendo un aeropuerto hace 8 años y en Concepción tardaron semanas en definir los vuelos internacionales que llegarán dentro de las próximas semanas y se realizó una inversión de 32 millones de dólares para mejorar el recinto.

En Concepción se aprobaron los recursos para el Teatro Regional el mismo día que los del Centro Cultural de Los Ángeles el año 2013. Mientras el recinto penquista fue inaugurado el 22 de marzo de 2018, el recinto local no tiene para cuando.

El estadio para Los Ángeles es otro ejemplo. Asumió el nuevo gobierno y se ha dilatado su concreción de manera vergonzosa. Su primera piedra debió colocarse hace al menos dos años y aun no hay nada, mientras, en 2015 se inauguró la remodelación del estadio de Concepción, el cual recibió la obscena inversión de 30 mil millones para su ejecución.

Es tanta la postergación que resulta casi como una anécdota que han pasado varios gobiernos prometiendo un ascensor en los edificios públicos de Los Ángeles frente a la plaza, para entregar dignidad a las personas en situación de discapacidad o adultos mayores que deben realizar sus trámites y se han quedado sólo en promesas.

Con los caminos de Alto Biobío cayéndose a pedazos, con una sequía de la que nadie habla, colegios con su infraestructura literalmente podrida, con el desempleo por el suelo, a Dios gracias que la gente se ha manifestado con respeto. Si no se ha destruido gravemente la ciudad como ha ocurrido en otros lados, es porque probablemente se sabe que para esta zona, los recursos tardarían demasiado en llegar. Pero una vez más Concepción ya tiene 2 mil millones para reparar su ciudad.

Ahí es donde se necesita de los parlamentarios trabajando. Los diputados, se aparecen generalmente a las inauguraciones y actividades sociales, pero de sus reuniones por el progreso sabemos muy poco. Al menos en varios casos. Y en cuanto a los senadores que es el tema que encabeza este editorial, no sabemos qué hacer, porque simplemente no se sabe a quién recurrir.

El contexto del país, exige que nuestros senadores, se hagan cargo de sus territorios, de sus problemas y necesidades, pero ¿a quién golpearle la puerta? ¿cómo exigirle trabajo o cumplir sus promesas a un senador que llegó después? ¿Es justo que Pérez y Harboe simplemente se hayan ido a Ñuble porque para la siguiente elección piensan postular por ahí? claro que no.

La razón radica en que para la última elección, se aprovechó de cambiar los distritos y circunscripciones. Esta medida nos dejó en tierra de nadie. ¿Quiénes son nuestros senadores? Buena pregunta.

La última elección senatorial fue ganada por Víctor Pérez Varela de la UDI y Felipe Harboe del PPD, pero con la modificación de la circunscripción, se fueron, nos abandonaron. Hay que decirlo con todas sus letras, más que una u otra escueta aparición por la zona, ellos ya partieron. Dejaron a Los Ángeles y alrededores atrás e incluso cerraron las oficinas, siendo que el periodo por esta extinta circunscripción aun no termina. Es casi un abandono de deberes.

La supuesta solución. Metafóricamente los puestos fueron cedidos a la Senadora Jacqueline Van Rysselberghe y su par Alejandro Navarro. Este último instaló hasta una oficina – fuera de su circunscripción vigente – pero a nadie parece importarle. Ambos senadores eternamente por la zona «metropolitana» de la región, hoy llegan a la cordillera, no podemos desconocer que quizás tengan la mejor intención, pero no conocen de cerca aun la realidad de las personas y al no ser sus territorios, sus venidas se resumen a una mañana, una reunión o una que otra ceremonia, pero eso no sirve.

En pocas palabras, en materia de senadores, la provincia de Biobío, está sola.

Víctor Pérez Varela y revisen las redes sociales si lo dudan, ya esboza su slogan «el senador de Ñuble», dando un portazo a sus 79 mil electores que lo votaron para que trabajara por las 14 comunas de la cordillera de Biobío. Misma situación para Felipe Harboe que dejó 121 mil votantes de esta provincia a la deriva.

El contexto del país, exige que nuestros senadores, se hagan cargo de sus territorios, de sus problemas y necesidades, pero ¿a quién golpearle la puerta? ¿cómo exigirle trabajo o cumplir sus promesas a un senador que llegó después? ¿Es justo que Pérez y Harboe simplemente se hayan ido a Ñuble porque para la siguiente elección piensan postular por ahí? claro que no.