La carta del Obispo al clero que habría indignado al Gobierno

La carta del Obispo al clero que habría indignado al Gobierno

A través de las redes sociales y de una fuente exclusiva de El Contraste, se tuvo acceso a una carta enviada a todo el clero vía correo electrónico, en donde, con fecha 23 de marzo, es decir el pasado lunes, el obispo de Los Ángeles pide a los sacerdotes no suspender la eucaristía, pese a la prohibición que existe del Ministerio de Salud, que sostiene que "Dispongase en la región del Bio Bio la prohibición de celebrar actividades deportivas, culturales y religiosas, sean estas que se desarrollen en espacios abiertos como cerrados y que constituyan aglomeración de personas".

El documento, incluso hace alusión a que el diputado de Renovación Nacional Cristóbal Urriticoechea habría tildado la medida del Gobierno como una "lamentable resolución".

Disposición del Ministerio de Salud en la región del Biobío.
Disposición del Ministerio de Salud en la región del Biobío.

A continuación la carta enviada por Monseñor Bacarreza al clero:

Santa María de los Ángeles, 23 marzo 2020

A todo el clero. Celebración de la Eucaristía

Estimados hermanos:

La Resolución del Seremi de Salud, Región Bio Bio, Héctor Muñoz Uribe, es verdadera. Me mandó una foto de ella el diputado Urruticoechea con las palabas «lamentable resolución». Me la mandó también el Padre Pedro Mieres. No le veo la fecha; supongo que será la de hoy, 23 de marzo 2020. Entre sus destinatarios no hay ninguna autoridad eclesiástica.

No hay en esa resolución nada que no hayamos observado desde el primer día. En efecto, prohíbe las «aglomeraciones» y reuniones no necesarias de más de 50 personas. Nosotros suspendimos las catequesis y otras reuniones, porque se tienen en salas más pequeñas, que no permiten la distancia entre las personas, y porque pueden recuperarse más adelante, superada la crisis. Pero hemos conservado la Eucaristía –dominical y diaria–, porque para los fieles es una necesidad espiritual, que es la dimensión más importante del ser humano, aunque no todos los fieles lo entiendan. En realidad, en nuestra sociedad secularizada son pocos los que lo entienden. Se requiere una fe viva. El hecho de que Jesucristo se haya quedado vivo en el signo del pan es una afirmación clara de su necesidad diaria. Lo expresamos así en la oración que Él nos enseñó: «Danos hoy nuestro pan de cada día».

Como es obvio, la autoridad civil entiende que el pan material es una necesidad para los ciudadanos y, por eso, no pueden cerrar los centros de abastecimiento. La resolución hace bien en limitar el número de personas que se abastezcan al mismo tiempo en 50, como justa medida de prevención. Pero la autoridad civil no entiende –y no le compete– que haya ciudadanos para quienes el «pan de vida eterna» sea una necesidad y, para algunos fieles, una necesidad mayor que la del pan material. Esa necesidad debe ser respetada, porque en nuestro país rige el derecho a la libertad religiosa, que la autoridad civil debe reconocer. De hecho, hasta hoy, nuestra Constitución reconoce ese derecho y lo cautela. Por eso, vamos a mantener la celebración de la Eucaristía en nuestros templos, velando para que los fieles que participen no superen el número de 50 y se ubiquen a distancia mayor de 1,5 mt. 

Hay fieles que aman la Eucaristía diaria más que nosotros mismos –Obispo y presbíteros– y no podemos negarles ese don de Dios que ellos han recibido. Es Dios quien los ha elegido. ¿Cómo vamos a dejar sin la Eucaristía a todos los diáconos permanentes y transitorios, a los seminaristas y todas las religiosas que hay en nuestra Diócesis–Siervas de Jesús, Apóstoles de la Palabra, Hijas de la Caridad, laicas consagradas, etc.– y otros fieles que, como dije, aprecian la Eucaristía más que el alimento de este mundo? Si no conservamos la Eucaristía en nuestros templos, vamos a excluir a Dios de nuestra sociedad más de lo que está, y ya está casi del todo ausente. Y queremos excluirlo precisamente ahora, en medio de la crisis, cuando más necesitamos recurrir a Él suplicando su auxilio. 

Si suprimimos las Misas en los templos, ¿qué va a ocurrir? Que el presbítero la va a celebrar en su capilla privada y va a invitar a los diáconos, a las religiosas que haya en su Parroquia y a algunos fieles más adeptos a él. De esta manera producirá «discriminación», por la exclusión de todos los demás fieles, y «aglomeración», porque los reunirá en un lugar más pequeño. El escenario mejor para la Eucaristía son los templos, porque permiten la participación de los fieles a quienes Dios invita y les permite ubicarse a 5 o más metros de distancia unos de otros. Ayer, en la Misa dominical de 12 horas en la Catedral, había unos 20 fieles (les mandé una foto). Y hoy, en la Misa de 12:30 horas, había unos 15 fieles. No había ningún peligro de contagio. Pero ciertamente el Señor habrá estado contento de que haya unos pocos fieles que aprecian su don. A los demás sigue diciendoles con bastante nostalgia: «Si conocieras el don de Dios». 

Por otro lado, nosotros debemos estar convencidos de que sólo Jesús, en esta crisis, puede pronunciar la Palabra eficaz de vida que dijo al funcionario, que le suplicaba viniera a poner la mano sobre su hijo que estaba a punto de morir: «Tu hjio vive». Esa es la Palabra que resonó en el Evangelio de hoy y que nosotros queremos escuchar y creer, como creyó ese funcionario, a quien, con razón, el Evangelio indica como ejemplo.

Sigamos encomendandonos a la protección de nuestra Madre celestial y Patrona, Santa María de los Ángeles.

A todos los abraza y bendice con vivo afecto en Jesús y María Stma.

+ Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de los Ángeles