No es el Minsal, es cómo se informa. El pasado 3 de marzo, el Ministerio de Salud a nivel nacional, anunció el primer caso de coronavirus en una persona de 33 años que había viajado a Singapur y que posterior a eso fue hospitalizada en el hospital de Talca.
Ahí comenzó nuestra historia con la pandemia. Desde ahí, se ha realizado toda una campaña de difusión frente a los casos y el interés público por conocer del tema ha provocado que los noticiarios, programas de radio y TV ocupen grandes espacios de su parrilla a conversar sobre este virus.
Sin embargo, pese a que a nivel regional, las autoridades del Biobío y sus equipos se han mostrado activos en informar y establecer nexos para que la comunidad esté al tanto de lo que ocurre, en Los Ángeles y la provincia de Biobío no es igual.
Vamos con algunos ejemplos. Previo al primer caso, se generó gran temor y mucha incertidumbre a cada momento. Surgían sospechas, se cerraban las urgencias, se montaban operativos con los profesionales del SAMU vestidos como para una guerra nuclear, la gente llamaba a los medios para contar lo que estaba pasando y para buscar respuestas, pero el equipo de comunicaciones del seremi en la provincia, tardaba horas e incluso, aunque no lo crean, dejaba para el otro día las informaciones. El silencio generaba un efecto peor. Los medios y la gente especulaban sobre las posibles consecuencias.
Al margen de esta crítica queda el Servicio de Salud, que aunque para todos parezcan lo mismo, no lo son. Mientras el primero se dedica sólo al trabajo de los hospitales y redes asistenciales, el segundo aplica las normativas y políticas del Ministerio.
En el Servicio, por muy duras e incisivas que puedan ser las preguntas de los periodistas, por mucho que disgusten o «saquen roncha» en las jefaturas, siempre son atendidas. Jamás vetan a nadie y se toman todo el tiempo del mundo para responder, tanto el director del Servicio, la subdirectora y hasta el director del Hospital. No dejan temas «para mañana». Pero, en la oficina provincial del Minsal la situación es a nuestro juicio, diferente.
Incluso, ha sido más fácil en esta pandemia, habiendo una unidad para el tema en Los Ángeles, contactar directamente al equipo de prensa en Concepción para recabar información, donde de inmediato se gestionan y resuelven las dudas hasta hoy. Hay un buen trato, una buena actitud de los profesionales que con dedicación atienden las consultas, dudas y aclaran los trascendidos. Aquí en cambio, en la capital de la provincia de Biobío no es así y eso va en perjuicio de ustedes, la gente.
Sigamos. Llega el 9 de marzo y se anuncia el primer caso de coronavirus en la provincia de Biobío en un paciente de Laja. Lo que cualquier habitante esperaría es que en el Hospital de Laja o Los Ángeles, se hiciera el anuncio ante las dudas y el temor de la comunidad local.
Si uno observa, cuando fue el primer caso en Chile, el Ministro viajó de Santiago a Talca para informar lo que pasaba y lo mínimo era que en la situación de Laja ocurriera lo mismo. Pero no. El jefe provincial del Minsal y su equipo se fueron a Concepción a hacer el anuncio, como si se tratara de un corte de cintas. ¿Qué tenía que hacer allá, más que quedarse tras bambalinas escuchando al Seremi o al intendente, en vez de estar en Laja o Los Ángeles resolviendo las dudas, enfrentando el tema inmediatamente, preparando la réplica local a penas terminaran en la capital regional?
En algo casi anecdótico, ese día durante las horas de la tarde, después del almuerzo, todas las autoridades, salvo el intendente, se desplazaron a Los Ángeles y le comunicaron a la provincia lo que estaba pasando. El discurso era el mismo de Concepción, nada nuevo. El mensaje llegó tarde. Muchas veces criticamos el centralismo, pero nuevamente la provincia estuvo en segundo plano pese a que la preocupación estaba aquí.
Quizás lo más delicado de todo este proceso, es la forma en que se han incorporado los casos positivos al reporte que el Ministerio de Salud emite diariamente para el Ministro Jaime Mañalich.
Aquí, una clara muestra que nos permite suponer que no se estaría haciendo bien el trabajo, es lo acontecido el pasado 24 de marzo, cuando el alcalde de Mulchén, Jorge Rivas, confirmó el primer caso de Covid-19 en su comuna y a pesar de esto, la información no quedó en el reporte oficial del día siguiente.
Los datos le llegaron al jefe comunal de parte del Seremi Héctor Muñoz cerca de las 16 horas, quien anunció la situación a través de Radio Dinastía de Mulchén una hora más tarde. Lo curioso es que desde ese momento pasaron casi 5 horas hasta el tiempo de corte, que está fijada por el Minsal para las 21 horas para así cerrar el reporte diario nacional, pero la autoridad sanitaria no ingresó los datos y Mañalich no anunció estos casos al día siguiente. Mala omisión.
Esta situación se ha repetido al menos en dos ocasiones más, dejando una percepción en la ciudadanía – desconfiada de la política – que se podrían estar ocultando las estadísticas o simplemente no «haciendo la pega». Esperemos que no sea ninguna de las dos.
Evidentemente, hay un problema para comunicar lo que ocurre de buena forma y lo peor es que hay una mala voluntad para que los medios de comunicación puedan acceder sin diferencias al trabajo de la autoridad sanitaria. Era necesario ocupar este espacio editorial para decírselo a la comunidad. Se evidencia cierta discriminación, cerco o mero desinterés a quienes no son cercanos al periodista del organismo. Esto queda demostrado en que para hechos de relevancia, simplemente no se informa a todos los medios. Incluso algunos canales nacionales quedan fuera. No se entiende el criterio comunicacional. Las consecuencias de ello implica que muchas veces debamos buscar la noticia con fuentes extraoficiales, con otra autoridad o simplemente y lo más grave, quedar en blanco.
Es más, ha ocurrido que se entregan avisos de utilidad pública de gran interés público, situaciones graves, como que se está buscando a los pasajeros de un bus que tuvieron contacto con una contagiada. La «gran idea», fue dejar de lado a los medios y hasta las propias redes institucionales y recurrir a un «fanpage» de dudosa credibilidad. Al ser emplazado por este absurdo, se indica que se realizó «por la cantidad de seguidores que este tiene, es por el alcance». La absurda determinación del periodista a cargo de las comunicaciones de la autoridad sanitaria, dejó de lado a otros que con décadas de historia han construido su prestigio y credibilidad en la zona o de quienes como nosotros, estamos emprendiendo para contribuir a una sociedad más y mejor informada con un año de corta trayectoria. Esto es inaceptable. No es profesional, porque esta situación daña a los receptores de la noticia más que a los medios. La gente requiere de información y no se puede negar por «amiguismos» o conflictos personales. En crisis, estas cosas no existen.
Si no fuera por el apoyo del equipo comunicacional de la gobernación, que ha literalmente salido a «salvar la situación», colaborando y organizando puntos de prensa con estas autoridades, además de coordinar y recoger cada una de las preguntas los periodistas, por complejas que sean, sin discriminación alguna, simplemente nada se sabría correctamente.
Para ir cerrando, un último caso. El pasado domingo, el jefe provincial del Minsal, clausuró la catedral de Los Ángeles. Se acompañó de un sólo medio de comunicación. Nadie más fue avisado. Se intentó recoger la información, pero nuevamente la respuesta llegó tarde. El seremi ya había hablado del hecho en Concepción.
¿Si el trabajo se va a hacer mayoritariamente desde la capital regional, se justifica el gasto de recursos por un departamento local que no funciona?
Mejorar la comunicación requiere de adelantarse, ir un paso adelante de lo que las personas quieren saber, estar dispuesto a explicar una y otra vez las dudas de la comunidad, de la prensa, de todos. Requiere de ser diligente con los datos que se entregan, ser proactivo y no discriminar a nadie, ni por simpático, ni por serio, ni por rico ni por pobre. Todos tienen el mismo derecho. Si eso no se entiende en un funcionario público, con todo lo que ha pasado en el país, simplemente no han entendido nada y es mejor dar un paso al costado.